- Es importante intentar buscar espacios de tranquilidad durante el día. Crear ambientes adecuados con una disminución de los estímulos externos. Así la caricia sale fácil.
- Si es posible, delegar las labores cotidianas que dificulten la relación con los hijos. Por ejemplo, si hacer las tareas del colegio tensa la relación, ojalá pueda hacerlas con otras personas.
- Saber sintonizarse con cada hijo según sus necesidades, personalidad y características.
- Saber sincronizarse con ellos, es decir buscar el momento oportuno. “Obviamente que no es necesario interrumpir un juego; hay momentos del día que son más adecuados”. Por ejemplo, al acostarlos.
- Buscar la forma de expresar el contacto. Hay caricias, pero puede ser también un abrazo al recibirlos en la casa, una “sesión”de peinado o de manicure con las hijas mujeres. Un masaje o hasta la curación de una herida.
-Hacerle cariño a nuestros hijos es mucho más que un detalle. No sólo psicológicamente es importante, sino que biológicamente se ha demostrado que una caricia desbloquea la acción de genes que vienen silenciados, lo que a su vez ayudaría, por ejemplo, a evitar cuadros depresivos.
- Muchas veces los padres, sin darse cuenta, pasan por alto las peticiones de cariño que les hacen sus hijos. Darse el tiempo para ello y captar la importancia de la caricia los hace crecer sanos y seguros.
-La mezquindad de las manifestaciones de cariño hacia los hijos puede, sin duda, pasar la cuenta.
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