lunes, 30 de mayo de 2011

Educa el Humor - LB1206

Tener sentido del humor no significa estar continuamente haciendo gracias o contando chistes. Consiste en tener una actitud lúdica y positiva que ayuda a relativizar los problemas y a verlos con cierta distancia.

El humor no resulta aceptable si se hace a costa de otros. Se necesita tener claro que no se trata de reírse de los demás sino con ellos. Por tanto, sobran las burlas, la ironía y algunos programas de “humor” en la televisión.

Al buen humor se le atribuyen muchos beneficios, por ejemplo: colabora en la producción de endorfinas, que aportan bienestar y alegría; baja el nivel de tensión; ayuda a no tener úlceras de estómago; contribuye a que afloren las partes más brillantes de las personas; y resulta un buen aliado para el aprendizaje. Sin embargo, y a pesar de los beneficios que aporta, no se le tiene muy en cuenta ni en la familia ni en la escuela.

Durante los primeros años de vida de los niños, los padres participan en sus juegos, les hacen “gracias” para que se rían y ríen con ellos. A los niños les gusta jugar; llenan la casa de alegría contagiosa; se divierten, tienen esperanza y buscan estar bien. Sin embargo, a medida que van creciendo, parece que a los padres les pesa la responsabilidad de educar, se van poniendo más serios y comienzan las exigencias, las críticas y los enfados.

Los niños aprenden muchas cosas por imitación, por observación y por contagio. Por tanto, y sin darse cuenta, asumen bastantes de las formas que tienen sus padres de comportarse y de entender la vida.

Como el sentido del humor y la risa resultan importantes para estar mejor y no irse al drama, los padres y las madres precisan trabajarlos para que estén presentes en las relaciones cotidianas con sus hijos.

En consecuencia, necesitan activar su vertiente lúdica y tener actuaciones humorísticas con los hijos. Les conviene rescatar las guerras de cosquillas y de cojines; jugar con los niños al escondite y a otros juegos; contarles anécdotas graciosas o cosas que hacían de pequeños; cultivar la sorpresa; leer libros y ver películas de humor; potenciar los momentos en los que los niños estén contentos; y, también, va bien gastar bromas, hacer un poco el “payaso” o simular caídas o despistes, que tanto divierten a los niños.

Se trata de mostrar a los niños y a las niñas la alegría por vivir, que aprendan a gozar con lo que tienen y que vean, en definitiva, que a esta vida no hemos venido a sufrir sino a disfrutar.

domingo, 29 de mayo de 2011

Cumpleaños - LB1206

Para los niños su cumpleaños es un día mágico, y durante los 2 – 3 meses previos a la celebración, ya empiezan a cantar por la casa “cumpleaños feliz” y casi que al diario nos preguntan “¿Cuántos días faltan para mi cumple?”. Para el niño la celebración de su fiesta de cumpleaños va mas allá del simple hecho de que recibirá regalos, se reunirá con sus amigos, primos, es la confirmación de que él ha crecido y que ahora ya es algo mayor. Les interesa de una forma muy especial, pues les ayuda a desarrollar su pensamiento creativo, aumentar su autoestima, aprender a compartir y relacionarse socialmente, además de hacer con que se sientan únicos, especiales, “los reyes” en este día.

Como padres, delante de tantas expectativas, empezamos a pensar en qué hacer para que tenga un maravilloso aniversario y, llegado el día, a menudo nos encontramos en uno de esos parques infantiles llenos de niños, ruido, con varios niños llorando simultáneamente, o que el homenajeado parece estresado, cansado de tanto esperar su día especial, y si aplicamos la ley de Murphy, no hay cumpleaños en que no se pone enfermo. Terminamos el día agotados, pero contentos - al verle soplar las velas, nos damos cuenta de que la fiesta ha sido para celebrar su llegada en nuestras vidas, celebramos su nacimiento, su crecimiento, su evolución.

Una pena que al hacernos mayores, recibimos nuestro cumpleaños con una mezcla de indiferencia o fastidio, cuando no nos toca alguna de las famosas “crisis”. Perdemos la magia que viven los niños en sus cumpleaños, ¿perdemos la magia de celebrar nuestra vida?

Para todo esto, no es necesario gastar ni consumir, con solo parar y contemplar y sonreír por nuestro camino construido durante estos tantos muchos años y que por alguna razón pasa desapercibido a nuestros ojos diariamente.

Fuente:D.R

lunes, 16 de mayo de 2011

JUGAR AL AJEDREZ - LB1206


Jugar al ajedrez resulta una actividad muy interesante para los niños y las niñas pues, además de servirles de entretenimiento y de diversión, posibilita que desarrollen una serie de habilidades y de capacidades.



En algunos países le dan mucha importancia al ajedrez, ya que figura en los programas educativos como asignatura optativa y, en otros, tienen diseñados proyectos específicos para su promoción entre los escolares. Los expertos recomiendan que los niños se inicien en el ajedrez a partir de los cuatro años.

Entre los beneficios que adquieren quienes lo practican está el desarrollo de la memoria, ya que les resulta muy útil retener jugadas de partidas anteriores. Asimismo fomenta el aumento de la atención y de la concentración, pues un pequeño descuido puede significar la pérdida de la partida.

Además sirve para que los niños caigan en cuenta que, como ocurre con cualquier actividad, en el ajedrez se requiere planificar y valorar las diferentes opciones y elegir la que se considere mejor. Se precisa tener una visión de conjunto de la partida en cada momento y una perspectiva de futuro, ya que se darán resultados distintos si mueven una u otra pieza. Por tanto, otra de las virtudes que aporta la práctica del ajedrez es que ayuda a la adaptación a nuevas situaciones, pues el tablero va presentando una configuración de cambio permanente.

Por consiguiente, los jugadores necesitan utilizar la imaginación y pensar de manera organizada cada uno de los movimientos que hagan, pues sus decisiones, al igual que en la vida real, tienen unas consecuencias de las que necesitan responsabilizarse. A diferencia de los deportes de equipo, que cuando se pierde se tiende a echar la culpa al árbitro o a las malas artes del equipo contrario, en el ajedrez no caben esas escusas dado que se juega solo.

En el ajedrez hace falta tiempo para estudiar las jugadas más oportunas, por lo que se fomenta la paciencia y la constancia, y no caben ni la precipitación ni el abandono.

Como el ajedrez implica aceptar unas normas y, también, los propios límites, va bien practicarlo tomándolo como un pretexto para superarse y crecer intelectual y emocionalmente. Por tanto, no procede dejarse llevar por la frustración o el enfado cuando se haya perdido una torre, un alfil o la partida.

lunes, 9 de mayo de 2011

Video Dia de la Madre

RESPONSABLES - LB1206

Los padres y las madres solemos equiparar responsabilidad con obligación. Así decimos: “Es tu obligación ir a la escuela” o “Tienes que hacer tus tareas”. Sin embargo, podemos percibir que lo que se presenta como obligación tiende a vivirse como una carga y con sufrimiento. Por otra parte, los niños y las niñas hacen las cosas siguiendo más el criterio de si les gustan o no: “Es que no me gusta, papá” o “No quiero hacerlo”.

Entre la mentalidad de la obligación de los padres y el “quiero o no quiero” de los hijos existe una gran distancia, por lo que suelen surgir con frecuencia los conflictos.

Lo que he comprobado más útil es plantear la responsabilidad en base a la necesidad. Hacemos las actividades para resolver distintas necesidades: físicas, sociales, psicológicas... Vamos al trabajo porque necesitamos el dinero para vivir; los niños necesitan comer, ordenar su habitación, poner la mesa, estudiar... Por tanto, empezaremos informándoles que precisan asumir responsabilidades para solucionar sus necesidades. Ante las diversas situaciones haremos la pregunta ¿Lo necesitas? Si la respuesta es afirmativa no tienen cabida ni la obligación ni el “no me gusta o no quiero”; sencillamente lo necesitas hacer.

Conviene también revisar cómo les estamos presentando este tema, porque queremos que los hijos se responsabilicen, pero, a veces, les sobreprotegemos. De esta forma estamos impidiendo que ellos maduren y solventen sus cuestiones.

Los padres y las madres solemos mandar mucho a los hijos: “Come”, “Vístete”, “Vete a dormir”... El mandar, que en otros tiempos tuvo su eficacia, hoy no parece viable. De hecho les mandamos, pero, ¿obedecen ? Ahora se requiere que sustituyamos el mandar por el pedir. Cuando uno pide está tomando en consideración a los otros; el pedir conlleva respeto e invita a la colaboración: “Hijo, te pido que recojas la ropa”, resulta más adecuado que: “Recoge la ropa ahora mismo o...”

Nuestro papel como padres está en presentarles opciones donde los hijos puedan ejercitar su responsabilidad, pactando las tareas y sus contrapartidas. Valoraremos sus logros y procuraremos que sientan nuestro apoyo y cercanía. En estos procesos de aprendizaje va bien tener paciencia, tolerancia y respetar los ritmos de cada niño. Precisamos confiar en ellos, sentirlos capaces y tener expectativas constructivas.

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Fuente:C.R.A.


martes, 3 de mayo de 2011

¿POR QUÉ SE BURLAN? - LB1206

En los medios de comunicación son tan frecuentes las faltas de respeto o las descalificaciones que todos estamos familiarizados con ellas, incluidos los niños.

Además, si en la familia o en el entorno más cercano de un chico son habituales las burlas, las tendrá incorporadas y las podrá poner en práctica con sus compañeros.

Bastantes personas consideran normales las burlas de unos chicos a otros y les restan importancia. Dicen que han existido siempre y que muchos las padecieron y consiguieron sobrevivir.

Sin embargo, si se vuelve la vista atrás, muchos recordarán el sufrimiento que les causaron las burlas cuando eran niños o adolescentes, llegando a sentirse poco valiosos y, en bastantes casos, arrastraron ese sentimiento durante mucho tiempo.

Muchas burlas se hacen porque no se aceptan las diferencias. Por tanto, cualquier cuestión puede ser motivo de burla: las orejas, el color de la piel, la ropa...

No obstante, el aspecto que elijan no es importante en sí. La clave de la burla está en cómo reacciona el chico o la chica a los comentarios que se le hacen. Si se asusta, se enfada o llora, es bastante probable que las burlas continúen.

En todos los casos es determinante el grado de autoestima que se tenga. Si es bajo, aumentan las probabilidades de ser candidato a las burlas.

Curiosamente también la baja autoestima es una de las razones que llevan a determinados chicos a burlarse de otros. Se disfrazan con un manto de superioridad, bajo el que se esconde un bajo concepto de sí mismos. Necesitan tanto recibir atención que recurren a ese tipo de conductas para tener reconocimiento de los demás, aunque éste sea en negativo.

Por otra parte está la necesidad que tienen los chicos de ser aceptados en un grupo, para lo cual, en algunos de ellos, han de demostrar que son capaces de hacer determinadas conductas para que se les permita la entrada.

También los celos y la envidia suelen ser inductores de algunas burlas y son frecuentes entre hermanos.

No podemos olvidar que las burlas, cuando son continuadas, se transforman en acoso, más o menos grave, según vayan acompañadas de amenazas o de violencia.

Igual que se está haciendo frente a situaciones que también se consideraron “normales” en otros tiempos, como la degradación o maltrato a la mujer, se requiere hacer lo mismo con las burlas de unos chicos a otros y no considerar normal ningún comportamiento que suponga degradación.

Encuesta - LB1206

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