Para los niños su cumpleaños es un día mágico, y durante los 2 – 3 meses previos a la celebración, ya empiezan a cantar por la casa “cumpleaños feliz” y casi que al diario nos preguntan “¿Cuántos días faltan para mi cumple?”. Para el niño la celebración de su fiesta de cumpleaños va mas allá del simple hecho de que recibirá regalos, se reunirá con sus amigos, primos, es la confirmación de que él ha crecido y que ahora ya es algo mayor. Les interesa de una forma muy especial, pues les ayuda a desarrollar su pensamiento creativo, aumentar su autoestima, aprender a compartir y relacionarse socialmente, además de hacer con que se sientan únicos, especiales, “los reyes” en este día.
Como padres, delante de tantas expectativas, empezamos a pensar en qué hacer para que tenga un maravilloso aniversario y, llegado el día, a menudo nos encontramos en uno de esos parques infantiles llenos de niños, ruido, con varios niños llorando simultáneamente, o que el homenajeado parece estresado, cansado de tanto esperar su día especial, y si aplicamos la ley de Murphy, no hay cumpleaños en que no se pone enfermo. Terminamos el día agotados, pero contentos - al verle soplar las velas, nos damos cuenta de que la fiesta ha sido para celebrar su llegada en nuestras vidas, celebramos su nacimiento, su crecimiento, su evolución.
Una pena que al hacernos mayores, recibimos nuestro cumpleaños con una mezcla de indiferencia o fastidio, cuando no nos toca alguna de las famosas “crisis”. Perdemos la magia que viven los niños en sus cumpleaños, ¿perdemos la magia de celebrar nuestra vida?
Para todo esto, no es necesario gastar ni consumir, con solo parar y contemplar y sonreír por nuestro camino construido durante estos tantos muchos años y que por alguna razón pasa desapercibido a nuestros ojos diariamente.
Fuente:D.R
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