sábado, 28 de febrero de 2009

HERMANOS Y ¿AMIGOS?


Desde Caín y Abel que existe la rivalidad entre hermanos. Para evitarla y crear lazos de amistad, el papel de los padres es fundamental.


Dos hermanos conversan:

- Te acuerdas cuando me escondiste mi mochila y como no me pude ir al colegio, la mamá me dejó haciendo aseo.

- Y tú cuando me pegaste un chicle en el pelo que hizo que terminara en el peluquero rescatando lo poco que era salvable…

Ultra normal son las peleas entre los hijos: los hermanos no son elegidos sino que “impuestos” por la vida. Entonces si bien existe el potencial de amor, cariño y respeto entre ellos, también existe la posibilidad de tener sentimientos de competencia, crueldad y rivalidad.Por esta razón, los padres no pueden dar por garantizada una buena relación entre hermanos, ni mucho menos dejarla al azar. Ellos deben velar por hacerlos hermanables, de manera que esas comunes peleas no sean más que lo que comentaban nuestros protagonistas del principio: un simpático recuerdo de la infancia de dos hermanos ya treintones.


¿Cómo lograrlo?

Las peleas vienen casi por naturaleza, es decir, desde muy pequeños los niños son capaces de sacar su “garras” más feroces con tal de defender lo que creen de total propiedad: el cariño y atención de los padres. Así, celos, competencia y rivalidad son la raíz del enfrentamiento entre hermanos, que puede fácilmente extenderse a la adolescencia e incluso a la adultez. La psicóloga infantil Mónica Larraín, explica cómo actuar para disminuir estos sentimientos y crear relaciones de respeto y cariño entre los hijos.


> ¿Cómo evitar los celos?

Fundamental es crear espacios de relación única, es decir, la mamá y el papá, dedicados por un momento a un hijo, a sus preocupaciones, a sus intereses, a sus quehaceres. No tratarlos siempre en masa, sino que saber marcar diferencias. Por ejemplo, en vez de decir: ¿cómo les fue en el colegio?, preguntar: Juan, ¿cómo te fue en la prueba de matemáticas? Francisca, ¿con quién jugaste hoy día? Conversaciones en privado, nombres especiales, un abrazo, un secreto al oído disminuyen la posibilidad de que un hijo se sienta sin lugar en la familia y que por esa razón pelee con sus hermanos.


> ¿Qué se puede hacer para evitar la competencia?

Tratar que en una familia no haya cualidades más valoradas que otras ayuda mucho. Por ejemplo, si se valora sólo lo intelectual y hay un hijo que cojea en los estudios, inmediatamente se sentirá un “ciudadano de segunda categoría”, y es probable que lo descargue contra sus hermanos que sí son “lumbrera”. Si por el contrario, en la casa, además se valora lo deportivo, lo estético, lo musical… a “nadie le faltará Dios”, es decir, todos encontrarán que por algo son valorados y queridos. Habrá menos motivos para competir con el del lado y pelear con él. Por supuesto, también muy importante es evitar las comparaciones. El precio de ellas es que los niños entran en una carrera por la aprobación paterna, olvidan sus propios dones y talentos y sólo desean alcanzar los de su hermano.


> Es decir, ¿la justicia por parte de los padres es la que garantiza una buena relación entre hermanos?

Sí, pero lo importante es no confundir la justicia con la igualdad. Los niños no necesitan la misma cantidad de tiempo con sus padres ni que se les dé exactamente las mismas cosas, pues esto varía según la personalidad del niño y su etapa de desarrollo. Lo que sí es importante es que sea un trato justo, centrándose en lo que cada uno de ellos necesita en términos de afecto y comunicación. La idea es centrarse más en las necesidades que en la igualdad, pues así damos lo que el niño requiere y no lo que los padres creemos que requiere. Por ejemplo, si un niño reclama “a ella la has ayudado toda la tarde y a mí no”, la mejor respuesta es: ¿Necesitas que te ayude en algo? Así se evitan las discusiones sobre justicia, las peleas con la hermana y el niño queda contento porque sus necesidades también son escuchadas.


> De acuerdo a lo anterior, ¿cuál es la mejor manera de intervenir cuando los hijos pelean?

La actitud de los papás frente a un conflicto puede contribuir a que éste se solucione y sea una fuente de aprendizaje o bien puede generar sentimientos de injusticia. Para lograr lo primero es fundamental no creerse juez ni abogado. Lo mejor es que las pequeñas discusiones sean pasadas por alto. Cuando el conflicto sube de tono, puede ser útil la intervención acogiendo los sentimientos de rabia de ambos y tratando de encontrar una solución. Finalmente, cuando la situación es definitivamente peligrosa, la intervención del adulto es necesaria con medidas como separarlos y mandarlos a lugares aparte.


> ¿Qué acciones favorecen una buena relación entre hermanos?

Claramente entregar valores como lealtad, confianza, amor, respeto, gratitud, comprensión, perdón… es esencial para enaltecer la relación entre los hermanos. Para eso hay que repetirlos, conversarlos e inculcarlos con el ejemplo constantemente. También es muy importante favorecer espacios para que lo pasen bien juntos. Esto significa darse tiempo sin amigos e incluso sin los padres. Por ejemplo, veranear una semana sin convidados o dejarles a su cargo la organización del cumpleaños de la mamá. Sólo así se conocerán y descubrirán cómo quererse, ayudarse y pasarlo bien juntos.


Las ventajas de tener hermanos

James Stenson, educador norteamericano, dice “El amor entre padres e hijos es el eslabón más fuerte de la sociedad. El segundo es aquél entre hermanos. Este eslabón, si fue bien formado en la niñez dura toda la vida: incluso un buen hermano es aviso de un buen marido. Poder contar con el amor y el apoyo de los hermanos es una de las mayores fuentes de fortaleza en la vida”. La creencia popular dice: “Peor que tener un hermano es no tenerlo”. Entonces háblele a sus hijos de:

Los privilegios:

> Un hermano es un compañero siempre disponible para jugar, para acompañar, para ser cómplice.

> Es un consejero especial que sabe escuchar.

> Son más manos y cabeza, para hacer las tareas del hogar, para pensar qué regalarle al papá o para solicitar un permiso.


Los beneficios a futuro:

> Los buenos hermanos suelen tener mayor tolerancia a la frustración. Están acostumbrados a ceder y compartir.

> Un hermano da la posibilidad de aprender a tener éxito en las futuras relaciones humanas. Es probable que permita una mejor adaptación social y un mejor desenvolvimiento en las situaciones grupales.

viernes, 20 de febrero de 2009

NUTRICION

Solo quiero reflexionar esta vez la actitud de desorden extremo de los padres, con respecto a los "derechos" del niño en vacaciones, de la que he sido testigo en las últimas semanas y que seguramente muchos sentirán como crítica personal.
Los niños, al contrario que los adultos, pasan 4 meses de vacaciones y no 2 a 3 semanas.

El azúcar y derivados ene forma diaria solo generan adicción, caries dentales y obesidad.

El hecho de desordenarnos es legítimo y es parte del cambio de switch que hay que hacer en vacaciones, pero debe ser contrarrestado con un diario esfuerzo por quemar esas calorías de regalo, o sea que si el niño no hace deporte o piscina o futbol o bicicleta, etc... a diario, no se puede dar el lujo de premiarse a diario tampoco.

Un niño menor de 15 años no está en edad de decidir qué comer. Usted es quien debe comprar lo que se comerá, prepararlo y definir horarios de comida en vacaciones. No puede ser que la pasada por el refrigerador sea algo así como un pasatiempos o un buffet.

Un niño menor de 15 años solo puede gastar plata en chatarra para comer, si usted le permite manejar dinero. Trate de darle su mesada una sola vez al mes y ojalá la suma le alcance para 1 juguete, arriendo de película, paseo, entrada a alguna parte entretenida, etc... ¿Qué haría usted con $500 pesos que no sea comprarse un helado o algo grasoso para comer? ¿Acaso ahorraría?

Traspase la buena costumbre de chatarrear en familia o ligado a un evento social. Si lo malo no es la escasa calidad de la comida callejera, sino la frecuencia con que se la consume. Los fines de semana pueden ser una frecuencia aceptable y si el niño está en su peso y además es inquieto, puede ser otra vez más en la semana.

El helado jamás quitó la sed ni tampoco es verdad que los que dicen que son PURA FRUTA lo sean. Más bien "PURA AZUCAR" sería más cierto. Con 1 sandía (pase su carne por la licuadora) endulzada con sucralosa se pueden hacer exquisitos helados de agua o más bien de PURA FRUTA. Por otro lado los helados de crema en Chile son de baja calidad y de "leche" casi nada traen. Por eso no es bueno reemplazar su lácteo de la tarde con estas golosinas llenas de azúcar y grasas de mala calidad.

Si a su hijo le prueba el uniforme para marzo y le queda chico (no de largo, sino apretado) tenga claro que lo ha tenido en estos meses en un plan de engorda. Preocúpese. Que elija deportes o movimientos como extraprogramáticos este 2009. Limite los juegos de video. Limite a 2 la cantidad de programas de TV al día. Converse con él sobre comer sanamente. Establezca horarios y que coma cada 4 horas.

Todos queremos lo mejor para nuestros hijos y no hay que obsesionarse ni prohibirle a los abuelos que se comporten como abuelos cuando regalan caramelos al niño, pero recuerda que esta epidemia de obesidad tiene su origen en un desbalance entre lo que se come y lo que se gasta y sin duda que la genética juega un rol importante, pero los hábitos se llaman así por lo seguido que se repite un acto y el hecho de desordenarse tanto y por tantos meses seguidos hace que los niños agarren malos hábitos en verano y no los suelten durante todo el resto del año.

sábado, 14 de febrero de 2009

LA VIDA ES BELLA

Que se quieran, que se necesiten y se ayuden. Que lo pasen bien juntos, que sean amigos incondicionales, que sepan decirse las verdades, que se busquen para reír y llorar, que se admiren y sean un puntal de apoyo para toda la vida, requiere de un trabajo dedicado.
¿Cómo lograrlo?
- Fomentar el humor: dejarlos reír, celebrar lo divertido, permitirles la chacota.
- Hacer cosas juntos. Motivarlos para hacer una representación, una obra de teatro, inventar paseos, salir de pic nic, pedirles que escriban un cuento para después leerlos en voz alta, organizar un concurso de pintura, un “festival de la canción”, jugar ludo, ir a Pomaire… simplemente echar a volar la imaginación y darles tiempo, es lo que vale la pena.
- Entender que la familia es un proyecto común. Si se permite la actitud pasiva de los niños en la casa, se les hace simplemente el peor de los favores. Ellos deben sentirse comprometidos con todo, de manera que se sientan responsables desde contestar el teléfono, ayudar a la mamá en lo que necesite o llevarle un vaso de agua al hermano que está enfermo.
- Inculcar la idea de que se puede formar equipo. Todos son necesarios y a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, en los deportes, aquí son todos titulares y no hay suplentes. Una buena idea para lograrlo es encargarles un trabajo en conjunto como poner la mesa del cumpleaños para el festejado.
- Mantener la lealtad como gran principio: “En esta casa no se acusa”, puede ser la gran premisa de la casa. Así, será más sancionado el acusete que el que cometió la falta.

En conclusión, la tarea es llenar la vida de recuerdos de manera que cuando grande, las miles de imágenes, las anécdotas, el especial léxico familiar, sean el motivo que explica una unión difícil de destruir.

> Llenar de recuerdos la vida familiar es la clave .

viernes, 6 de febrero de 2009

NACE LA RAZÓN


A los siete años los niños son capaces de saber qué está bien y qué está mal. Esto supone un cambio en los padres.


A los dos años si un niño mete los dedos al enchufe, los padres no sacan nada con explicarle el daño que eso puede provocarle. El discurso hasta antes de los siete años no tiene ningún sentido, no vale, pues no es determinante para ellos. A esas alturas, lo único que modificará la conducta es sentir el dolor que puede causarle meter los dedos en el enchufe. Ninguna otra forma lo hará captar el peligro al que se enfrenta, entonces más bien habrá que tomar medidas de seguridad como taparlos.


A partir de los siete años esto cambia radicalmente, pues con la razón ya es capaz, al margen de sentir dolor, de darse cuenta de las consecuencias.


Antonio Amado, filósofo y académico de la Universidad de los Andes, explica el maravilloso nacimiento de la razón y los desafíos que ello supone en la educación de los hijos.



En concreto, ¿qué implica el surgimiento de la razón?


- En primer lugar, hay que aclarar que esto no sucede en un momento exacto, es un período, en el que, eso sí, los cambios son evidentes, pues el niño comienza a operar de otra manera y puede asumir responsabilidades. Hasta antes de esto no las puede asumir y cuando tiene que hacer algo que no le gusta, lo hace sólo porque alguien lo está “sosteniendo” en la operación, con un premio como estímulo o una amenaza de reto.


Desde ahora, el niño puede obrar bien aunque nadie lo esté sosteniendo en ello. El bien que él ha visto intelectualmente es lo que lo pone en marcha.


Por ejemplo, un niño pequeño que ve una caja de sus chocolates preferidos en el velador de la mamá puede no comerlos sólo por la amenaza que le han hecho si los come. Por temor, pero no porque concluya que no es bueno hacerlo. En cambio, el niño de siete años deduce desde su interior que no es bueno comerlos, es capaz de no hacerlo y, por lo tanto, ya es capaz de autogobernarse.


Antes, está sólo la referencia externa; ahora el niño puede moverse por algo que concluyó internamente


.¿Qué desafíos trae este cambio en la educación?


- Procurar la formación de la conciencia, es decir, velar sobre todo que el niño en sus juicios y valoraciones concluya bien. Para ello, los padres no deben seguir educando continuamente sólo con el elemento exterior como estímulo, sino que deben velar por mostrarle que cuando se obra según lo que la conciencia dice que está bien, hay una alegría interior. Además, deben llevarlo a descubrir que esa alegría es más grande que el caramelo que le pueden dar como premio o motivación para que haga bien las cosas.


El problema es que hoy los niños están creciendo siempre con el estímulo exterior y eso está bien, pero a cierta edad es importante ir disminuyéndolo. El estímulo exterior funciona siempre. De hecho, en los adultos hasta el bono en el trabajo es efectivo. Sin embargo, una persona que funciona sólo por el premio que recibirá no crece interiormente, pues la verdadera alegría es la alegría de haber hecho lo que hay que hacer simplemente por la motivación interna. A esta edad la educación debe estar centrada justamente en eso, es decir, en que el hijo vaya descubriendo que lo importante es el gozo del acto que hay que hacer y no el premio.



¿Por ejemplo?


- Unos padres dicen a su hijo: “Si haces las tareas puedes ir a la casa de tu amigo”. A esta edad, el niño ya se da cuenta de que si se lo propone, puede hacer las tareas sin la necesidad de un premio a cambio. Independiente de que después vaya a la casa del amigo. Lo importante es que vaya descubriendo que es capaz de hacer lo que hay que hacer por sí solo.



¿De qué herramientas se pueden valer los padres para este desafío?


- Hay que optar por lo que pueda mover al hijo internamente. Es por esto que la palabra empieza a valer más. Se permite el discurso. También es fundamental inducir a los niños al acto, lo que implica dejar de hacerles las cosas. Si hay que ordenar la pieza, deben hacerlo, es su responsabilidad, ya no hay que estar siempre actuando por ellos. Aquí el arte consiste en ir logrando cada vez más actos usando cada vez menos la estimulación con premios.


¿Qué tan importante es captar esto?


- El nacimiento de la razón es fundamental y no se puede perder de vista la importancia que tiene el surgimiento de ella, pues es lo que permitirá ir consiguiendo actos en los niños que generen actitudes permanentes. Es lo que los hará autónomos y responsables.


Si el niño puede hacer las tareas solo, que las haga. Si todavía le cuesta, se le acompañará por un tiempo más, pero siempre con la intención final de que puede hacerlas solo. El niño que es educado en esta línea, en el futuro será capaz de hacer lo que es bueno aunque no sea tan atractivo y de no hacer lo que no es bueno aunque sea muy atractivo.



En la edad de la razón, los niños deben descubrir la alegría que produce el actuar según la recta conciencia.



Bienvenido el error


Aprovechar la edad de la razón implica dejar que los niños a veces se equivoquen. Siempre es mejor que fallen en algunas cosas antes que impedirles el acto.


Por ejemplo:


- Es mejor que alguna vez la profesora le llame la atención por no haber llevado la tarea que estar siempre detrás para que la lleve y evitar que se le quede.Desde el momento en que los padres ya saben que sus hijos pueden adquirir la responsabilidad de cumplir con sus deberes, es bueno cuando ven que no los están cumpliendo hacerse el “despistado”. El llamado de atención que recibirán o la mala nota que le pondrán es mucho más efectiva que el estar evitando siempre que no les pase nada.


- Preocuparse de actuar así, es mejor simplemente por que es un acto más verdadero. “Lo otro -evitarles todos los problemas- es una especie de “show” que está impidiendo que el niño se equivoque y se haga autónomo”, afirma Amado.



Marisa Monte Arnaldo Antunes

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