
Desde Caín y Abel que existe la rivalidad entre hermanos. Para evitarla y crear lazos de amistad, el papel de los padres es fundamental.
Dos hermanos conversan:
- Te acuerdas cuando me escondiste mi mochila y como no me pude ir al colegio, la mamá me dejó haciendo aseo.
- Y tú cuando me pegaste un chicle en el pelo que hizo que terminara en el peluquero rescatando lo poco que era salvable…
Ultra normal son las peleas entre los hijos: los hermanos no son elegidos sino que “impuestos” por la vida. Entonces si bien existe el potencial de amor, cariño y respeto entre ellos, también existe la posibilidad de tener sentimientos de competencia, crueldad y rivalidad.Por esta razón, los padres no pueden dar por garantizada una buena relación entre hermanos, ni mucho menos dejarla al azar. Ellos deben velar por hacerlos hermanables, de manera que esas comunes peleas no sean más que lo que comentaban nuestros protagonistas del principio: un simpático recuerdo de la infancia de dos hermanos ya treintones.
¿Cómo lograrlo?
Las peleas vienen casi por naturaleza, es decir, desde muy pequeños los niños son capaces de sacar su “garras” más feroces con tal de defender lo que creen de total propiedad: el cariño y atención de los padres. Así, celos, competencia y rivalidad son la raíz del enfrentamiento entre hermanos, que puede fácilmente extenderse a la adolescencia e incluso a la adultez. La psicóloga infantil Mónica Larraín, explica cómo actuar para disminuir estos sentimientos y crear relaciones de respeto y cariño entre los hijos.
> ¿Cómo evitar los celos?
Fundamental es crear espacios de relación única, es decir, la mamá y el papá, dedicados por un momento a un hijo, a sus preocupaciones, a sus intereses, a sus quehaceres. No tratarlos siempre en masa, sino que saber marcar diferencias. Por ejemplo, en vez de decir: ¿cómo les fue en el colegio?, preguntar: Juan, ¿cómo te fue en la prueba de matemáticas? Francisca, ¿con quién jugaste hoy día? Conversaciones en privado, nombres especiales, un abrazo, un secreto al oído disminuyen la posibilidad de que un hijo se sienta sin lugar en la familia y que por esa razón pelee con sus hermanos.
> ¿Qué se puede hacer para evitar la competencia?
Tratar que en una familia no haya cualidades más valoradas que otras ayuda mucho. Por ejemplo, si se valora sólo lo intelectual y hay un hijo que cojea en los estudios, inmediatamente se sentirá un “ciudadano de segunda categoría”, y es probable que lo descargue contra sus hermanos que sí son “lumbrera”. Si por el contrario, en la casa, además se valora lo deportivo, lo estético, lo musical… a “nadie le faltará Dios”, es decir, todos encontrarán que por algo son valorados y queridos. Habrá menos motivos para competir con el del lado y pelear con él. Por supuesto, también muy importante es evitar las comparaciones. El precio de ellas es que los niños entran en una carrera por la aprobación paterna, olvidan sus propios dones y talentos y sólo desean alcanzar los de su hermano.
> Es decir, ¿la justicia por parte de los padres es la que garantiza una buena relación entre hermanos?
Sí, pero lo importante es no confundir la justicia con la igualdad. Los niños no necesitan la misma cantidad de tiempo con sus padres ni que se les dé exactamente las mismas cosas, pues esto varía según la personalidad del niño y su etapa de desarrollo. Lo que sí es importante es que sea un trato justo, centrándose en lo que cada uno de ellos necesita en términos de afecto y comunicación. La idea es centrarse más en las necesidades que en la igualdad, pues así damos lo que el niño requiere y no lo que los padres creemos que requiere. Por ejemplo, si un niño reclama “a ella la has ayudado toda la tarde y a mí no”, la mejor respuesta es: ¿Necesitas que te ayude en algo? Así se evitan las discusiones sobre justicia, las peleas con la hermana y el niño queda contento porque sus necesidades también son escuchadas.
> De acuerdo a lo anterior, ¿cuál es la mejor manera de intervenir cuando los hijos pelean?
La actitud de los papás frente a un conflicto puede contribuir a que éste se solucione y sea una fuente de aprendizaje o bien puede generar sentimientos de injusticia. Para lograr lo primero es fundamental no creerse juez ni abogado. Lo mejor es que las pequeñas discusiones sean pasadas por alto. Cuando el conflicto sube de tono, puede ser útil la intervención acogiendo los sentimientos de rabia de ambos y tratando de encontrar una solución. Finalmente, cuando la situación es definitivamente peligrosa, la intervención del adulto es necesaria con medidas como separarlos y mandarlos a lugares aparte.
> ¿Qué acciones favorecen una buena relación entre hermanos?
Claramente entregar valores como lealtad, confianza, amor, respeto, gratitud, comprensión, perdón… es esencial para enaltecer la relación entre los hermanos. Para eso hay que repetirlos, conversarlos e inculcarlos con el ejemplo constantemente. También es muy importante favorecer espacios para que lo pasen bien juntos. Esto significa darse tiempo sin amigos e incluso sin los padres. Por ejemplo, veranear una semana sin convidados o dejarles a su cargo la organización del cumpleaños de la mamá. Sólo así se conocerán y descubrirán cómo quererse, ayudarse y pasarlo bien juntos.
Las ventajas de tener hermanos
James Stenson, educador norteamericano, dice “El amor entre padres e hijos es el eslabón más fuerte de la sociedad. El segundo es aquél entre hermanos. Este eslabón, si fue bien formado en la niñez dura toda la vida: incluso un buen hermano es aviso de un buen marido. Poder contar con el amor y el apoyo de los hermanos es una de las mayores fuentes de fortaleza en la vida”. La creencia popular dice: “Peor que tener un hermano es no tenerlo”. Entonces háblele a sus hijos de:
Los privilegios:
> Un hermano es un compañero siempre disponible para jugar, para acompañar, para ser cómplice.
> Es un consejero especial que sabe escuchar.
> Son más manos y cabeza, para hacer las tareas del hogar, para pensar qué regalarle al papá o para solicitar un permiso.
Los beneficios a futuro:
> Los buenos hermanos suelen tener mayor tolerancia a la frustración. Están acostumbrados a ceder y compartir.
> Un hermano da la posibilidad de aprender a tener éxito en las futuras relaciones humanas. Es probable que permita una mejor adaptación social y un mejor desenvolvimiento en las situaciones grupales.