Parece algo tan cotidiano y simple que muchas veces pensamos que la comunicación con los hijos fluye de manera natural. Sin embargo, entre órdenes, llamados de atención e instrucciones, ¿cuánto hablamos realmente con los niñosDefinitivamente no es algo que debiera dejarse al azar. La importancia de darse el tiempo para hablar con los hijos radica en que las verdaderas conversaciones son el pilar fundamental para la construcción de un fuerte vínculo. Al conversar con los niños, los padres les dan la imagen clara de que están disponibles. La psicóloga Neva Milicic afirma que según sea la comunicación, será la relación entre padres e hijos en el futuro y también determinará cómo será su patrón para la relación con los demás.
Más aún, la capacidad de hablarles es también fundamental en la manera en cómo los hijos construyen su identidad. “Al conversar con ellos vamos actuando como espejos y les vamos mostrando quiénes y cómo son. Además nos van imitando y con eso aprenden los valores de la vida”, explica Neva Milicic.
¿De qué hablamos?Todos los seres humanos tenemos una especie de monólogo interno que se calcula ocupa el 70% de nuestro tiempo. Esta conversación silenciosa con uno mismo durante el día tiene que ver con lo que estamos haciendo o vamos a hacer e implica una continua autoevaluación. Por ejemplo: voy a ir a tal parte, tengo que llevar esto, voy a decirle que... etc.
Los niños también tienen un monólogo interno y los padres, a través de la comunicación con ellos, deben intentar enriquecerlo. Una manera de lograrlo es dándoles una lógica emocional correcta, la que consiste básicamente en centrarse en las competencias que tienen los niños y no en sus déficit. Es decir, mirar el lado positivo y hablarles con optimismo.
“Por lo general, le hablamos a los niños y les entregamos una serie de pautas educativas cuando estamos enojados o en medio del conflicto. Por ejemplo, porque botan algo los tratamos de torpes. Sin embargo, en ese minuto el niño no está en la situación emocional de absorber bien la información”.
Sobre los contenidos de la conversación es importante tener en cuenta que debemos hablar con nuestros hijos sobre tres cosas: hechos, ideas y emociones. “Normalmente los padres conversan sólo de hechos (‘hay sopaipillas de postre’)”, dice la psicóloga. Pero los hechos hay que enriquecerlos con ideas (“hay que alimentarse bien”) y emociones. Decirles cuánto se les quiere o hablarles de sus penas, miedos o alegrías.
La comunicación puede partir desde la necesidad de los niños o de las órdenes de los adultos. “Uno tiene que seguir a los niños en lo que les interesa, pero también puede enriquecer las conversaciones proponiendo distintos temas”, explica Neva Milicic.
Las mejores condicionesPara que el diálogo tenga frutos requiere de ciertos “trucos” indispensables:
- Mirar a los ojos: El contacto visual es lo que ayuda a entrar en el terreno firme de la comunicación, incluso para dar instrucciones u órdenes. Con el celular colgando o haciendo otra cosa es difícil entablar una conversación de verdad. Por esta misma razón también es importante darse un espacio para la relación uno a uno con los hijos. “Se puede estar mucho tiempo en familia, los ritos son tiempos riquísimos, pero no pueden faltar los espacios que se tengan individualmente con cada niño. Los hijos necesitan la mirada de los padres para crecer felices y seguros”.
- Escuchar: Aunque a veces el cuento es repetido o eterno de largo, escuchar a los hijos es clave. Esta actitud es la que garantiza el día de mañana, cuando sean adolescentes, su interés por conversar con sus padres. Si los adultos por inercia tienden a contestar con simples monosílabos como “ya”, “sí” o “no”, que a veces ni siquiera tienen relación con lo que se les ha contado, más tarde les pasará la cuenta y habrá padres quejándose por niños que no se comunican con ellos.
- Evitar los interrogatorios:Es común transformar el diálogo con los hijos en un interrogatorio policial. ¿Cómo le fue en el colegio? ¿Hizo las tareas? Cuando lo primero debieran ser otras palabras como “Hola, qué bueno que llegó”.
-Ser positivos: La gente normalmente es muy crítica, cuando el ideal es hacer por cada 6 alabanzas una crítica. “Hay que ser generoso y efusivo en las alabanzas y tacaño en la crítica”, explica Neva Milicic.
La comunicación es expresión de los sentimientos de los padres a los hijos.PRO DIÁLOGOEstas herramientas son importantes puntos de partida para que la comunicación fluya sin problemas.
> Los cuentos: Se ha demostrado que los niños que crecen siendo oidores de cuentos tienen mejor desarrollo emocional.
> Las anécdotas: Cuando se quiere enseñar algo a los hijos es bueno contar la historia de “otro”.
> Las historias personales: Los recuerdos más entretenidos de los padres, los errores que ahora se dan cuenta que cometieron, las cosas que los hacían felices, son valioso material para el diálogo.
> Las actividades en común: Son espacios que naturalmente fomentan la comunicación; por eso es importante hacerlos habituales a lo largo del tiempo.