La educación tradicional basada principalmente en la transmisión de conocimientos olvidó la importancia de dejar fluir la curiosidad. Fomentar los cuestionamientos y enseñar a los alumnos a elaborarlos es la pedagogía de la pregunta, una forma novedosa para aprender e indispensable de cultivar en la educación moderna.
Una clase constantemente interrumpida con las inquietudes de los alumnos puede ser aterradora por la posible indisciplina que genere. Sin embargo, darle espacio a los niños para que pregunten tiene asombrosos resultados en el aprendizaje.
Para Oscar Trujillo, magister en educación y expositor en el congreso “Enseñar para comprender”, organizado por Seduc, “la pregunta tiene un gran potencial pedagógico que las escuelas deben aprovechar al máximo, pues hasta ahora no lo han hecho”.
Oscar Trujillo explicó cómo enseñar a preguntar y sacarle el máximo partido a esta valiosa herramienta.
¿Por qué si preguntar es un hecho natural al hombre el colegio lo fomenta tan poco?
- Es una gran contradicción y efectivamente estamos acostumbrados a un modelo educativo donde el profesor se centra en ofrecer información para después él mismo preguntar a los alumnos sobre esa información. Es un sistema que prioriza la disciplina y la autoridad del que sabe versus la ignorancia del que no sabe. Es un sistema que fomenta el aprendizaje sólo en el terreno de recibir información y no en el de preguntar sobre esa información, lo que claramente es un error.
¿Y qué es lo correcto?
- Incentivar el ejercicio de preguntar para acceder a los conocimientos, pues de esta manera es como se logra un proceso mucho más autónomo de aprendizaje.
En general se observa en alumnos e incluso en gente adulta cierto temor para hacer preguntas ¿Cómo se puede evitar?
- Fomentando la pregunta en el ambiente familiar desde que los niños nacen. A preguntar se aprende y para eso es fundamental que los padres en la casa y los educadores en el colegio estén conscientes y preocupados de desarrollar esta habilidad. Por ejemplo, la mamá que le dice al niño: “¿cómo te fue en el colegio?”, está llevándolo a responder simplemente bien o mal. Es una pregunta muy general. En cambio, puede decir: “¿Qué fue lo que más te gustó hoy día?”.
Otra buena manera de preguntar es haciéndolo con temas que mantengan al niño conectado con el ambiente en que se mueve: “¿Con quién jugaste? ¿Qué actividad fue la que más te entretuvo?” etc.
La idea es obligar a que el niño tenga que pensar un poco más la respuesta, evitar que sólo pueda contestar sí o no y generar de esta manera, a través de la pregunta, diálogos fructíferos. Para lograrlo se necesita tiempo y sobre todo estar conscientes de la riqueza que generan las preguntas.
“Enseñar a los niños a dialogar a partir de buenas preguntas y buenas repuestas es un antídoto contra la tendencia al silencio o confrontación del adolescente”. Oscar Trujillo.
¿Y en el colegio cómo se puede estimular al tímido a hablar y al extremadamente aventajado a preguntar sin estorbar?
- Estableciendo estrategias pedagógicas que garanticen que todos puedan preguntar. Por ejemplo, uno puede hacer una exposición y hacer que todos los niños piensen en preguntas en relación a ella. Esas preguntas no tienen porqué ser hechas en público, se las pueden hacer al compañero de al lado. También el profesor puede hacer evaluaciones donde en vez de hacer él las preguntas, entregue un texto del cual los alumnos deben formular siete interrogantes.
Con esto lo que se busca es que el alumno no memorice, sino que la tome como un cuerpo teórico, que puede realmente comprender a través de las preguntas que él mismo formula.
¿Cómo se enseña a hacer buenas preguntas?
- Hay distintos tipos de preguntas. Hay preguntas más generadoras y otras menos generadoras. Aquellas que tienen por respuesta sí o no, son preguntas cerradas que se pueden usar para cierto tipo de información como las estadísticas. Pero desde el punto de vista pedagógico lo más adecuado es desarrollar preguntas abiertas, es decir, que estimulan la argumentación y por tanto el conocimiento.
En el ámbito familiar un ejemplo es:
- El hijo dice: Papá, ¿puedo ver TV?
- Y el papá en vez de responder sí o no dice: Dame una muy buena razón de por qué tengo que darte permiso.
Así se genera la argumentación, la interacción y el diálogo.
¿Por qué preguntar?:
Porque la pregunta:
- Es el eje activador del pensamiento.
- Otorga conocimientos.
- Permite y garantiza la interacción social.
- Estimula y da solidez al proceso de autoaprendizaje.
- Estimula la curiosidad y con la curiosidad se incentiva la creatividad.
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