miércoles, 30 de junio de 2010

lunes, 28 de junio de 2010

Tablas de Multiplicar

Tabla del 2

2
x
1
=
2
2
x
2
=
4
2
x
3
=
6
2
x
4
=
8
2
x
5
=
10
2
x
6
=
12
2
x
7
=
14
2
x
8
=
16
2
x
9
=
18
2
x
10
=
20

Tabla del 3

3
x
1
=
3
3
x
2
=
6
3
x
3
=
9
3
x
4
=
12
3
x
5
=
15
3
x
6
=
18
3
x
7
=
21
3
x
8
=
24
3
x
9
=
27
3
x
10
=
30

Tabla del 4


4
x
1
=
4
4
x
2
=
8
4
x
3
=
12
4
x
4
=
16
4
x
5
=
20
4
x
6
=
24
4
x
7
=
28
4
x
8
=
32
4
x
9
=
36
4
x
10
=
40

Tabla del 5

5
x
1
=
5
5
x
2
=
10
5
x
3
=
15
5
x
4
=
20
5
x
5
=
25
5
x
6
=
30
5
x
7
=
35
5
x
8
=
40
5
x
9
=
45
5
x
10
=
50

Tabla del 6

6
x
1
=
6
6
x
2
=
12
6
x
3
=
18
6
x
4
=
24
6
x
5
=
30
6
x
6
=
36
6
x
7
=
42
6
x
8
=
48
6
x
9
=
54
6
x
10
=
60

Tabla del 7

7
x
1
=
7
7
x
2
=
14
7
x
3
=
21
7
x
4
=
28
7
x
5
=
35
7
x
6
=
42
7
x
7
=
49
7
x
8
=
56
7
x
9
=
63
7
x
10
=
70

Tabla del 8

8
x
1
=
8
8
x
2
=
16
8
x
3
=
24
8
x
4
=
32
8
x
5
=
40
8
x
6
=
48
8
x
7
=
56
8
x
8
=
64
8
x
9
=
72
8
x
10
=
80

Tabla del 9

9
x
1
=
9
9
x
2
=
18
9
x
3
=
27
9
x
4
=
36
9
x
5
=
45
9
x
6
=
54
9
x
7
=
63
9
x
8
=
72
9
x
9
=
81
9
x
10
=
90

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sábado, 26 de junio de 2010

¿Y si el profesor tiene la razón?

Si nuestros hijos están de desacuerdo, por ejemplo, con una mala nota, lo mejor será no formarse una opinión antes de conversar con el docente.

Los profesores tienen mucha más conciencia del rol que juegan los apoderados en los resultados escolares, que los propios apoderados. Ellos saben que cuando los papás se interesan en cómo les va a los niños en el colegio, las notas son más altas y el comportamiento mejor.

Las exigencias de la vida contemporánea con sus jornadas de trabajo que no siempre terminan a la hora prevista, la incorporación de la mujer al campo laboral y la disminución de la cantidad de hijos por familia, han modificado la relación de los padres con la escuela.

Los apoderados tienen mucho menos tiempo que antes para pasar con los hijos. Por eso cuando el profesor señala algún aspecto que los niños podrían mejorar, no es raro que pongan resistencia. Pero, ¿y si el profesor tuviera la razón?

La psicopedagoga Marcela Jaime, del colegio Saint George, piensa que los niños son más consentidos que antes, y trasladan esa situación a la escuela. Por eso cuando se dan los problemas no es porque ello responda a una situación de conducta sino más bien de manejo de los padres en la casa, de respeto por el adulto.

En general Marcela no ve demasiados problemas en al relación profesor – apoderado, pero admite que algunos padres desautorizan al profesor. “Antes los profesores eran gritones por naturaleza (dice), y su posición no se discutía; mientras que hoy existe mucha más vigilancia paterna respecto al rol del profesor”. Esta nueva realidad no es negativa si no se llega a la exageración de discutir con el docente la nota que ha sacado el niño en la última evaluación.

Entre los argumentos más frecuentes de los papás “reclamones” están que los profesores no se preocupan del alumno o que fueron demasiado exigentes en las pruebas, que no entregaron todos los contenidos, que no le dijeron las cosas claras, que no hicieron las clases como correspondía porque el alumno aprendió menos, o que en la evaluación “tiraron a partir”. Son quejas evidentemente transmitidas directamente del niño.

Los profesores pueden equivocarse, es cierto, pero hay que admitir que es más probable que los niños lo hagan, o que estén sentidos por algo que consideren injusto. ¿Cómo podemos averiguarlo? Conversando con el profesor como adultos, sin darle la razón a priori a nuestros hijos. Si desautorizamos al docente frente a los niños, no estamos contribuyendo a que aprendan más.

educarchile.

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miércoles, 23 de junio de 2010

Uso pedagógico del recreo

Entre clase y clase, el recreo es un momento para conversar, relajarse y comer algo. Hablamos con expertos en educación para saber si además de esas actividades a la hora del recreo se le puede encontrar un sentido pedagógico. Y, aunque son poco conocidas las experiencias al respecto, aquí te dejamos algunas sugerencias para incorporarlas en tu establecimiento.


"Todos los espacios se pueden ocupar con un sentido pedagógico si se tiene una mirada y una mínima planificación", asegura Luz María Pérez, consultora de educación de la Unicef. "Lo que sí creo es que hay diferencias según las edades de los niños".

Según Germán Aburto, director del Instituto de Humanidades Luis Campino, "de Kínder a 4° Básico, los niños son más de jugar y miran la presencia de los profesores como una presencia amable. Los de 5° a 8° Básico, son más deportistas, más de pandilla y quieren que los grandes seamos los árbitros, o que veamos cómo están jugando".

Ambos expertos coinciden en que con los jóvenes de Enseñanza Media la situación es distinta. "Creo que lo mejor que se sientan libres de hacer lo que deseen, porque tienen mucha carga académica", explica Pérez. "Deben descansar y hacer lo que ellos quieran", puntualiza Aburto.

Defensa del recreo

El recreo es también el lugar de conocer al otro, de compartir, organizar los juegos, crear actividades nuevas. Aunque parecen obvios los beneficios, actualmente hay organizaciones internacionales por los derechos de los niños a jugar.

En el Luis Campino, alumnos y apoderados hicieron una feria de las pulgas y con eso financiaron el diseño y construcción de juegos de madera para los más pequeños. "No sabes el éxito que ha sido, lleva un año y los niños no se alejan de allí. Creo que facilitar lugares de recreación es el mejor aporte que podemos hacer los adultos al recreo", explica Aburto.

Presencia de los adultos

Tradicionalmente los inspectores se han paseado por los patios de juego vigilando si existen conflictos entre los estudiantes. Esa es una, aunque no la única manera que haya presencia de adultos a la hora del recreo.

En el Luis Campino los adultos son los mismos profesores de aula y su participación tiene un sentido muy distinto: "Su presencia es una presencia educativa, está más allá de un inspector que vigila, casi de una forma policial. Si está en el recreo tiene que interactuar, conducir, resolver conflictos y también jugar, como parte del concepto general del recreo", afirma Germán Aburto, director del establecimiento.

Luz María Pérez, concuerda en que "los niños necesitan muchas veces del apoyo de los grandes, cuando están como muy entrampados, ellos estarían felices de recibir ayuda. En el recreo pasan cosas, por ejemplo, pueden encontrar un insecto, o hay un gato enfermo. Aquí los niños requerirán de información por lo que el rol del profesor no será sólo de mediador. La actitud es de acompañar lo que los niños están llevando adelante".

Otro tipo de enfoque es el del psicopedagogo Dionisio Díaz. Su experiencia con brigadas de alumnos en el recreo, hace "innecesaria" la presencia de estudiantes. "Se trata de hacer responsables a los propios alumnos de sus acciones, intentando que ellos mismos resuelvan sus conflictos autónomamente", indica.


    sábado, 19 de junio de 2010

    Reflexion para los padres

    - Cuánto tiempo dedica a jugar con el hijo
    - Cuánto tiempo dedica a charlar, oír más que hablar, con el hijo
    - Quiénes son los amigos del hijo
    - Comparte salidas recreativas y culturales con el hijo

    Recuerda que la imagen paterna se construye en la mente de los niños a partir de sus cualidades. Y para que tu hijo te conozca es necesario estar con él, cuidarle y crear una relación de apego y protección.

    En función de las palabras que dirigimos a los niños podemos comunicar una actitud de escucha o, por el contrario, de ignorancia y desatención.


    Los padres autoritarios

    Temen perder el control de la situación y utilizan órdenes, gritos o amenazas para obligar al niño a hacer algo. Tienen muy poco en cuenta las necesidades del niño.

    Los padres que hacen sentir culpa

    Padres interesados (consciente o inconscientemente) en que su hijo sepa que ellos son más listos y con más experiencia, estos padres utilizan el lenguaje en negativo, infravalorando las acciones o las actitudes de sus hijos. Comentarios del tipo "no corras, que te caerás", "ves, ya te lo decía yo, que esa torre del mecano era demasiado alta y se caería" o, "eres un desordenado incorregible". Son frases aparentemente neutras que todos los padres usamos alguna vez.

    Los padres que quitan importancia a las cosas

    Es fácil caer en el hábito de restar importancia a los problemas de nuestros hijos sobre todo si realmente pensamos que sus problemas son poca cosa en comparación a los nuestros. Comentarios del tipo "¡bah, no te preocupes, seguro que mañana volvéis a ser amigas!", "no será para tanto, seguro que apruebas, llevas preparándote toda la semana", pretenden tranquilizar inmediatamente a un niño o a un joven en medio de un conflicto. Pero el resultado es un rechazo casi inmediato hacia el adulto que se percibe como poco o nada receptivo a escuchar.

    Los padres que dan conferencias

    La palabra más usada por los padres en situaciones de "conferencia o de sermón" es: deberías. Son las típicas respuestas que pretenden enseñar al hijo en base a nuestra propia experiencia, desdeñando su caminar diario y sus caídas.

    Por último, hay que mencionar la cantidad de situaciones en las que la comunicación es sinónimo de silencio (aunque parezca paradójico). En la vida de un hijo, como en la de cualquier persona, hay ocasiones en que la relación más adecuada pasa por la compañía, por el apoyo silencioso. Ante un sermón del padre es preferible, a veces, una palmada en la espalda cargada de complicidad y de afecto, una actitud que demuestre disponibilidad y a la vez respeto por el dolor o sentimiento negativo que siente el otro.

    Dialogar también es Escuchar

    Junto con el silencio está la capacidad de escuchar. Hay quien hace sus exposiciones y da sus opiniones, sin escuchar las opiniones de los demás. Cuando eso sucede, el interlocutor se da cuenta de la indiferencia del otro hacia él y acaba por perder la motivación por la conversación. Esta situación es la que con frecuencia se da entre padres e hijos. Los primeros creen que estos últimos no tienen nada que enseñarles y que no pueden cambiar sus opiniones. Escucha poco a sus hijos o si lo hacen es de una manera inquisidora, en una posición impermeable respecto al contenido de los argumentos de los hijos. Esta situación es frecuente con hijos adolescentes. Estamos ante uno de los errores más frecuentes en las relaciones paterno filiales: creer que con un discurso puede hacerse cambiar a una persona.

    A través del diálogo, padres e hijos se conocen mejor, conocen sobre todo sus respectivas opiniones y su capacidad de verbalizar sentimientos, pero nunca la información obtenida mediante una conversación será más amplia y trascendente que la adquirida con la convivencia. Por esto, transmite y educa mucho más la convivencia que la verbalización de los valores que se pretenden inculcar. Por otro lado, todo diálogo debe albergar la posibilidad de la réplica. La predisposición a recoger el argumento del otro y admitir que puede no coincidir con el propio es una de las condiciones básicas para que el diálogo sea viable. Si se parte de diferentes planos de autoridad no habrá diálogo.
    La capacidad de dialogar tiene como referencia la seguridad que tenga en sí mismo cada uno de los interlocutores. Hay que tener presente que la familia es un punto de referencia capital para el niño y el joven: en ella puede aprender a dialogar y, con esta capacidad, favorecer actitudes tan importantes como la tolerancia, la asertividad, la habilidad dialéctica, la capacidad de admitir los errores y de tolerar las frustraciones.

    jueves, 17 de junio de 2010

    Padre

    Enseñarás a volar,
    pero no volarán tu vuelo.

    Enseñarás a soñar,
    pero no soñarán tu sueño.

    Enseñarás a vivir,
    pero no vivirán tu vida.

    Sin embargo…
    en cada vuelo,
    en cada vida,
    en cada sueño,
    perdurará siempre la huella
    del camino enseñado.

    miércoles, 16 de junio de 2010

    jueves, 10 de junio de 2010

    La poesía

    Es un verdadero gustazo el poder adentrarse en este mundo de los versos, de las rimas, de la expresión, y del arte literario. La poesía ha sido escrita para ser leída, comprendida, y meditada. Solo así se puede disfrutar verdaderamente del sentido y del juego de sus palabras y de su lenguaje. A través de la poesía se puede bucear en el mundo de la expresión de ideas y de sentimientos.
    Hablar de poesía es muy gratificante porque es un arte que se vale de diversos artificios como la profundidad, el ritmo y el sonido en el uso de la palabra. Para los autores modernos, la poesía se refleja diferentemente en cada lector, quien dará un sentido personalizado al texto. Para los autores antiguos, la poesía iba más allá del arte. Era vista como una fuente espiritual del saber.

    Si todavía no has tenido la oportunidad de leer una poesía, aprovecha para hacerlo con tu hijo. Empieza leyendo muy despacio y con intención. Para los niños la poesía es muy beneficiosa porque puede ser una vía para infundirles amor, ánimo, y dejarles que jueguen con las palabras.

    Como se dibuja a un niño

    Para dibujar un niño
    hay que hacerlo con cariño.
    Pintarle mucho flequillo,
    —que esté comiendo un barquillo—;
    muchas pecas en la cara
    que se note que es un pillo;
    —pillo rima con flequillo
    y quiere decir travieso—.
    Continuemos el dibujo:
    redonda cara de queso.

    Como es un niño de moda,
    bebe jarabe con soda.
    Lleva pantalón vaquero
    con un hermoso agujero;
    camiseta americana
    y una gorrita de pana.
    Las botas de futbolista
    —porque chutando es artista—.
    Se ríe continuamente,
    porque es muy inteligente.
    Debajo del brazo un cuento
    por eso está tan contento.

    Para dibujar un niño
    hay que hacerlo con cariño.

    Y ya lo sabes, si escribes alguna poesía o conoces alguna que te guste, no olvides de enviárnosla. ¡Todos te agradeceremos!.


    jueves, 3 de junio de 2010

    Expresión oral

    Que los niños se atrevan a hablar en público es un objetivo primordial. Pero la comunicación oral también incluye aprender a escuchar y ser capaz de elegir la manera correcta para expresarse en cada escenario.

    Una de las críticas que se nos hace a los chilenos es que no sabemos decir las cosas de frente. Basta con ver lo que pasa cuando alguien se cuela en una fila: todos murmuran groserías, pero nadie se acerca a corregir a la persona. Y si alguien lo hace, lo más probable es que sea cuando ya tiene mucha rabia y lo hará en un tono irrespetuoso, desproporcionado con la situación.

    El alumno que pretende formar el programa de Lenguaje y Comunicación del Ministerio de Educación sabrá cómo abordar situaciones como éstas. Cecilia Hudson, coordinadora del Área de Lenguaje de la Escuela de Pedagogía de la Universidad de los Andes, explica que se trata de un objetivo explícito para primer ciclo básico que se resume en una mirada del lenguaje como herramienta de socialización. Es decir, saber usar el lenguaje, y no sólo aprender las reglas ortográficas, gramaticales y definiciones.
    En su opinión, este enfoque es el correcto, pero el problema es que en terreno aún se observa el antiguo paradigma. “La mayoría de los profesores están apegados a la mentalidad anterior y me atrevo a decir que ni siquiera han revisado el programa oficial, que es muy explicativo, tiene buenas directrices y ejemplos concretos”, dice la profesora e investigadora de la Universidad de los Andes.

    Más que expresión oral

    Dentro de este enfoque del lenguaje como herramienta, la comunicación oral es protagonista. Que no es lo mismo que expresión oral, pues ese concepto considera al alumno sólo como emisor. La especialista en Didáctica de la Lengua y Literatura de la Facultad de Educación de la Universidad Católica, Claudia Vera, explica que la comunicación oral es uno de los caminos para formar una persona integral. “La meta es que los alumnos tengan algo que decir, se atrevan a decirlo porque sienten que es valioso y que, a su vez, escuchen y respeten a sus compañeros”, explica Claudia.
    Los beneficios para el niño trascienden los límites del colegio y los profesores deben estar conscientes de ello. “La comunicación oral es la más importante, es la herramienta para forjar relaciones humanas, para mostrar el interior de uno a los demás”, dice Cecilia Hudson. Agrega que un profesor que tenga esa mirada destinará tiempo a desarrollar esta herramienta fundamental que es el lenguaje. A veces no es fácil hacerlo, porque implica poder manejar al curso y lograr que se callen mientras un compañero habla. “Pero mientras más difícil se haga la tarea, quiere decir que más lo necesitan los alumnos”, advierte Cecilia.
    Para lograr esto, hay puntos claves que deben tener claro los profesores del primer ciclo básico:
    1.- El contenido no es lo más importante. Lo principal es infundir en el niño el entusiasmo de ser una persona que tiene ideas propias que pueden aportar al mundo.
    2.- Para poder verdaderamente interactuar con los demás hay que saber ejercer los roles de emisor y de receptor. Por eso el profesor debe hacerle ver al niño el valor de los demás y también la importancia de adecuar el discurso al otro: guiarlo en el tono de voz, el lenguaje del cuerpo, si debe usar un lenguaje formal o informal, etc.
    3.- Las correcciones deben hacerse con mucha delicadeza. Cuando a un niño se le critica como habla, se siente criticado como persona y puede inhibirse. Hay que tener especial cuidado cuando se corrigen usos que vienen de la casa, como el sonido “Shile”.
    4.- Las evaluaciones deben ser personales, es decir, medir el avance de cada niño y premiar su esfuerzo. Sería injusto y poco motivador exigir los mismos progresos a todos, ya que las personas no tienen la misma capacidad comunicativa.
    5.- Para las disertaciones, permitirles elegir el tema. A esta edad, lo que mejor funciona es darles libertad a partir de un listado de posibilidades y decirles que elijan lo que más los entusiasme, un tema que los ponga felices.
    6.- Siempre se debe pedir que preparen lo que van a hablar. Decirles que se pregunten por qué es importante el tema para ellos y qué les puede interesar a los demás. Con esta reflexión irán jerarquizando sus ideas y se darán cuenta de si les falta información.
    7.- Lograr que los alumnos no sólo memoricen, sino que la disertación sea una instancia para desarrollar el pensamiento crítico. El Simce muestra que hay una enorme falencia en saber argumentar: por qué se piensa lo que se piensa.
    8.- Mientras el niño habla, el profesor debe escuchar atentamente y mirarlo a la cara.
    9.- El profesor debe ser modelo del uso del lenguaje para sus alumnos.

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