miércoles, 23 de junio de 2010

Uso pedagógico del recreo

Entre clase y clase, el recreo es un momento para conversar, relajarse y comer algo. Hablamos con expertos en educación para saber si además de esas actividades a la hora del recreo se le puede encontrar un sentido pedagógico. Y, aunque son poco conocidas las experiencias al respecto, aquí te dejamos algunas sugerencias para incorporarlas en tu establecimiento.


"Todos los espacios se pueden ocupar con un sentido pedagógico si se tiene una mirada y una mínima planificación", asegura Luz María Pérez, consultora de educación de la Unicef. "Lo que sí creo es que hay diferencias según las edades de los niños".

Según Germán Aburto, director del Instituto de Humanidades Luis Campino, "de Kínder a 4° Básico, los niños son más de jugar y miran la presencia de los profesores como una presencia amable. Los de 5° a 8° Básico, son más deportistas, más de pandilla y quieren que los grandes seamos los árbitros, o que veamos cómo están jugando".

Ambos expertos coinciden en que con los jóvenes de Enseñanza Media la situación es distinta. "Creo que lo mejor que se sientan libres de hacer lo que deseen, porque tienen mucha carga académica", explica Pérez. "Deben descansar y hacer lo que ellos quieran", puntualiza Aburto.

Defensa del recreo

El recreo es también el lugar de conocer al otro, de compartir, organizar los juegos, crear actividades nuevas. Aunque parecen obvios los beneficios, actualmente hay organizaciones internacionales por los derechos de los niños a jugar.

En el Luis Campino, alumnos y apoderados hicieron una feria de las pulgas y con eso financiaron el diseño y construcción de juegos de madera para los más pequeños. "No sabes el éxito que ha sido, lleva un año y los niños no se alejan de allí. Creo que facilitar lugares de recreación es el mejor aporte que podemos hacer los adultos al recreo", explica Aburto.

Presencia de los adultos

Tradicionalmente los inspectores se han paseado por los patios de juego vigilando si existen conflictos entre los estudiantes. Esa es una, aunque no la única manera que haya presencia de adultos a la hora del recreo.

En el Luis Campino los adultos son los mismos profesores de aula y su participación tiene un sentido muy distinto: "Su presencia es una presencia educativa, está más allá de un inspector que vigila, casi de una forma policial. Si está en el recreo tiene que interactuar, conducir, resolver conflictos y también jugar, como parte del concepto general del recreo", afirma Germán Aburto, director del establecimiento.

Luz María Pérez, concuerda en que "los niños necesitan muchas veces del apoyo de los grandes, cuando están como muy entrampados, ellos estarían felices de recibir ayuda. En el recreo pasan cosas, por ejemplo, pueden encontrar un insecto, o hay un gato enfermo. Aquí los niños requerirán de información por lo que el rol del profesor no será sólo de mediador. La actitud es de acompañar lo que los niños están llevando adelante".

Otro tipo de enfoque es el del psicopedagogo Dionisio Díaz. Su experiencia con brigadas de alumnos en el recreo, hace "innecesaria" la presencia de estudiantes. "Se trata de hacer responsables a los propios alumnos de sus acciones, intentando que ellos mismos resuelvan sus conflictos autónomamente", indica.


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