


AFICIONAR A LA LECTURA
Desde la irrupción de la televisión y los medios audiovisuales en el mundo moderno, el libro ha dejado de ser un elemento fundamental en la vida de muchas familias. Sin embargo, se ha demostrado que un niño que no lee carece de un valiosos complemento en sus estudios escolares, además de privarse del gozo que proporciona la lectura de un buen libro.
Quien lee aumenta su vocabulario, mejora su ortografía, su capacidad de redacción y amplía permanentemente sus horizontes culturales. Es una afición que cultiva lo más específico del hombre: su entendimiento, su voluntad, su imaginación y creatividad, sus ideales y valores humanos.
Claramente la lectura proporciona un gran bien a los niños, pero hay que conseguir que se convierta en algo que les guste hacer y no en una penosa obligación impuesta por el colegio.
Debe ser una actividad deseada y libremente elegida, y para esto se necesita la colaboración de la familia.
Tradicionalmente la escuela ha sido la encargada transmitir el aprendizaje de la lectura. Pero no basta con saber leer, con conocer el mecanismo y comprender el texto escrito. Es preciso ejercitar este aprendizaje hasta convertirlo en un hábito voluntario y gustoso; en una verdadera necesidad vital.
La lectura tiene una gran importancia en el proceso de desarrollo y maduración de un niño. Quien lee vive una experiencia que lo absorbe por entero, lo lleva a imaginar, pensar, criticar y conocer. Un libro enriquece y transforma, pues nos hace gozar y sufrir.
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