Flexibilizar las rutinas de los niños en vacaciones es recomendable, pero un exceso afectará su capacidad de aprendizaje.
Termina el año escolar e inevitablemente se produce un cambio en los hábitos, rutinas y horarios de los niños. Ya no urge levantarse temprano para ir al colegio ni dedicar horas del día a estudiar o hacer tareas.
Ahora hay más tiempo para descansar, jugar y organizar actividades extra escolares, pero también aparece el riesgo de que la vida de estos menores se vuelva un caos en el que reine el desorden y la anarquía. Los expertos aseguran que es bueno, sano y necesario flexibilizar las rutinas de los niños en vacaciones, pero sin caer en un excesivo relajo.
Afirman que los escolares terminan muy cansados a fin de año, porque han sido sometidos a un alto nivel de estrés y exigencia, por lo que es conveniente que descansen y dediquen su tiempo a hacer cosas distintas de las que habitualmente suelen realizar, pero sin descuidar el reloj biológico, que existe y es importante respetar.
La doctora Amanda Céspedes, neuropsiquiatra infantil y especialista en salud mental del escolar, explica: “El reloj biológico es profundamente sabio. Cuando funciona en forma armónica, el resultado es salud y óptima disposición a aprender. Cuando se altera, se producen consecuencias adversas sobre el normal funcionamiento del organismo”.
Los escolares suelen terminar el año muy cansados. Por ello es bueno introducir un cierto nivel de relajo, pero manteniendo las rutinas.
El cuerpo revolucionado
Algunos de los problemas que pueden ocurrir cuando hay exceso de desorden son: fatiga física y psíquica; alteración de la liberación de hormonas, incluida la insulina; problemas en la desintoxicación del organismo; tendencia a la descompensación emocional, alteración en la síntesis de inmunoglobulinas y de nutrientes cerebrales.
En la práctica, esto se traduce en que el niño se vuelve irritable, demandante, molesto por cosas banales, conflictivo, obstinado, ansioso.
Lloriquea en vez de hablar, aumentan las pataletas, parece no escuchar, tiene bajas anímicas, bosteza, no logra concentrarse al jugar y se queja de estar aburrido.
Puede disminuir el natural crecimiento de estatura, aumentar mucho el peso, andar pálido, con mal aliento y aspecto de enfermo.
Sin embargo, existe un margen de flexibilidad en las rutinas que es sano y no afecta a la salud. La doctora Amanda Céspedes da ejemplos concretos: “Esto depende de la edad.
A los niños menores de 7 años recomiendo acostarlos máximo con una hora de retraso y procurar no modificar los horarios de almuerzo y cena. En los mayores, un margen máximo de dos horas nocturnas antes de ir a la cama, me parece razonable”.
Padres e hijos creativos. La organización de la nueva rutina no puede ser algo impuesto por los padres, sino que los niños deben participar en ella. Es importante que las cosas se conversen y entre los dos acuerden horarios razonables, rutinas sanas, panoramas entretenidos y actividades adecuadas para cada edad. María Teresa García-Huidobro, máster en educación de párvulos, directora y dueña del Jardín Infantil Rainbow, afirma que es fundamental que los padres anticipen a los niños cómo van a organizar este período de vacaciones, para que ellos sepan a qué atenerse.
Añade que es clave involucrar a los menores en este proceso y que una vez definido el nuevo sistema, hay que ser consistente y cumplirlo.“Romper un poco las rutinas y flexibilizar las reglas y los horarios es una estrategia positiva, pero es fundamental y necesario para los niños que exista un orden.
Además, siempre hay que tener en cuenta que los padres siguen con sus propios quehaceres diarios”, afirma María Teresa.
A su juicio, es importante que las madres no se sientan en la obligación de estar todo el día haciéndoles panorama a los niños, porque ellos no lo necesitan y además se corre el riesgo de limitarles la imaginación y creatividad.“Es muy bueno que los papás sean como niños y jueguen con sus hijos, pero también hay que dejarlos que se entretengan solos y que tengan espacio y libertad para inventar actividades distintas y entretenidas.
Así se evita que pasen todo el día frente a la televisión y a los vídeo juegos”, asegura María Teresa. En esta definición de la nueva rutina es importante que los padres también sean creativos y les propongan a los niños realizar actividades que les ayuden a desarrollar el pensamiento, la autonomía y las distintas virtudes.
Se pueden visitar museos o zoológicos, leer libros, dormir en carpa en el jardín de la casa, practicar deportes, asumir tareas en el hogar de acuerdo a cada edad, participar de los quehaceres de los padres, etc.
¿Y en marzo?
• Cuando comience nuevamente el año escolar, será necesario volver a las rutinas habituales. La doctora Amanda Céspedes recomienda hacerlo en forma gradual, acostando a los niños más temprano al menos diez días antes de entrar a clases y establecer un horario de comida antes de las 21:00 horas.• “Aunque estén todavía de vacaciones, es conveniente despertar a los niños temprano. Pueden quedarse un rato en la cama, pero hay que evitar que se enreden en las sábanas hasta muy tarde”, asegura.
• Finalmente, recomienda ser muy firme en establecer horarios para los vídeo juegos a medida que se acerque marzo, limitando su uso a los fines de semana y sólo un máximo de dos horas diarias.
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